Hace poco leí que estoy en la edad en la que en vez de cumplir años cumplo sueños. Yo hago las dos cosas, años sólo un día, sueños todos los que puedo. Ir a estas cataratas en el Rhin era uno de los destinos inexcusables de este viaje y no me ha decepcionado. A pesar de estar lleno de turistas está bien organizado. Los barcos que te acercan a la caída del agua son variados en duración y metros de acercamiento. Yo al final fui la culpable de coger el que menos se acerca, me dio muchísima impresión estar a menos de un metro del torrente. Es una barbaridad. Aún así fue una pasada asomarse a los miradores donde salpica el agua y el ruido no te deja oír a quien tienes al lado.
Sí, en la piedra del centro hay gente. Los dejan en un barco abajo y suben por una escalera a la plataforma.... os digo que no pude ni intentarlo.
Este es el paseo que nos dimos...
Y luego las vimos desde el otro lado después de comernos un bocata en un banco a la sombra con estas vistas de frente.... lujos que no podemos despreciar.
Y de vuelta cruzando el puente por encima. Un gran día. Otro, vamos. Y no acabó ahí...
No hay comentarios:
Publicar un comentario