domingo, 10 de julio de 2016

Gruyère, no sólo es un queso

La carretera que lleva desde Lausanne a Gruyère es espectacular, ahí empezamos a ver la Suiza de las postales. El pueblo es muy pequeño, medieval y está enclavado entre montañas imponentes. A la entrada unas vacas nos dieron la bienvenida y ánimos para subir una cuesta muy empinada hasta llegar a la muralla, perfectamente conservada. Tuvimos la suerte de asistir a un concierto de trompas de madera (que no me he enterado de cómo se llaman) mientras nos tomábamos un refrigerio en una terracita atendidas por unas chicas vestidas con el traje típico de la región y al olor de la raclette que se estaban tomando unos españoles que comían a la hora de allí (nosotras ya nos hemos aclimatado perfectamente: comemos antes de las 13h y cenamos sobre las 20h).







Después fuimos a Gstaad que es sorprendente. Pero sin duda lo más alucinante fue la carretera para llegar a Montreux. Entre montañas gigantes con laderas verdes o bosques cerrados y otras con nieve. Cascadas interminables proyectando toneladas de agua. Curvas alucinantes entre un paisaje increíble. Vamos, que me lo pasé bomba!!




 Y ya en Montreux el Castillo de Chillon, que está totalmente rodeado de agua y la costa sobre el lago con vistas preciosas, mientras me pasaban unos coches deportivos que sólo había visto en los anuncios o en las películas. Encima estaba el Festival de Jazz y había un ambientazo tremendo rodeando la estatua de Freddie, parada obligada, por supuesto. El camino de vuelta con el atardecer sobre el lago fue impagable. Llegamos destrozadas casi a las 23h. a casa. Pero mereció la pena, sin duda.























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