Después fuimos a Gstaad que es sorprendente. Pero sin duda lo más alucinante fue la carretera para llegar a Montreux. Entre montañas gigantes con laderas verdes o bosques cerrados y otras con nieve. Cascadas interminables proyectando toneladas de agua. Curvas alucinantes entre un paisaje increíble. Vamos, que me lo pasé bomba!!
Y ya en Montreux el Castillo de Chillon, que está totalmente rodeado de agua y la costa sobre el lago con vistas preciosas, mientras me pasaban unos coches deportivos que sólo había visto en los anuncios o en las películas. Encima estaba el Festival de Jazz y había un ambientazo tremendo rodeando la estatua de Freddie, parada obligada, por supuesto. El camino de vuelta con el atardecer sobre el lago fue impagable. Llegamos destrozadas casi a las 23h. a casa. Pero mereció la pena, sin duda.
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